Los elefantes recuerdan que los niños nacidos a mediados del siglo pasado practicaban de diversas maneras, muchos juegos que aparecían en las cartillas de lectura para enseñar reglas de convivencia, como parte de la obligatoriedad de llenar un programa de moral y cívica.

Así como se recuerdan juegos tales como La Paloma Blanca, Tictac trapo atrás, La pájara pinta, Matarile rile rile, Mambrú, el que mejor se parece a una lección rígida de autoridad y justicia es el famoso cuestionamiento de un Rey que pregunta a un súbdito por la cantidades de panes que deben haber en un horno, pero concluye con una fiesta caída del cielo que parece ser producto de una imaginación desordenada.

Pan quemado

Una versión obtenida en acanomas.com es la más completa que conocen los elefantes y he aquí su texto:

“-Don Juan de las Casas Blancas.
– ¿Qué dice su Señoría?
– ¿Cuántos panes hay en el horno?
– Veinticinco y un quemado.
– ¿Quién lo quemó?
– Este pícaro ladrón.
– ¡Ahórquenlo por traidor!

El grupo se deshacía bulliciosamente al llegar a este punto porque era necesario “ahorcar” al “traidor”.

Pasado el alboroto la ronda volvía a formarse, pero esta vez la niña, ubicada en el centro cantaba:
Yo soy la viudita
del barrio del Rey,
me quiero casar
y no sé con quién.

Las integrantes de la ronda, sin dejar de girar, le respondían:
Si eres tan bella
y no sabes con quién,
elige a tu gusto
que aquí tienes cien.

La ronda se detenía y la “viudita” procedía a elegir:
Con esta si,
con esta no,
con esta señorita
me caso yo.

La elegida pasaba a hacer de “viudita” en la vuelta siguiente, aunque casi de inmediato, con rara unanimidad, el grupo resolvía Jugar a aquello de:
Buenos días su Señoría,
mantantira lirolá.
¿Qué quería su Señoría?
mantantira lirolá.
Yo quería una de sus hijas…”

Este juego de niños tiene que servir de reflexión a los que están desenredando la madeja de hilos qué hay detrás de lo acontecido el domingo 16 de febrero de 2020 en un país llamado República Dominicana que estrena un sistema de votación automatizado sin habérsele hecho pruebas de calidad y sin un plan de recuperación de desastres, como lo ha admitido el destacado profesional del derecho y con el hombro lleno de experiencias vividas por haber sido en una ocasión anterior Juez presidente de la Junta Central Electoral.

Asumir un riesgo de esa índole es ser excesivamente confiado en el personal subordinado o no tener el más mínimo conocimiento del riesgo que se asume cuando las cosas de esa índole se manejan de una manera tan simple o de una forma extremadamente ingenua.

Al igual que el monarca del juego de Don Juan de las Casas Blancas, el que cometió el pecado de dejar quemar todos los panes que alimentarían a un pueblo con hambre de justicia y grandes deseos de que prevalezca la verdad, se respete la propiedad privada y no predomine el descaro de la impunidad, se debe dictar una sentencia histórica.

Un pensamiento en “CUÁNTOS PANES HAY EN EL HORNO?

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