En los Estados Unidos, el acostumbrado “black friday” es una especie de obligación cultural que se celebra cada viernes siguiente al jueves de acción de gracias y en los últimos tiempos, esa tradición se extiende hasta el denominado “ciber monday”.

Desde hace algunos años , la República Dominicana se ha ido sumiendo en ese acto de tipo mercurial que induce al consumismo y el arraigo es tal que en este año 2019, las compras realizadas superan los 6,000 millones, lo que representa un 23% más de lo consumido en el 2018.

Las deudas para amortizar los saldos de las tarjetas de créditos de los adquirentes empezarán a afectar los bolsillos del consumidor a partir del esperado salario extra que muchos perciben con motivo de las celebraciones navideñas, lo cual es otra ocasión para gastos superfluos basados en tradiciones culturales impuestas por creencias religiosas, entretenimientos ideados para el engaño a base de un marketing desarrollado por los mejores creativos del mundo.

Los países donde se pueden dar el lujo de gastar mucho dinero en “black friday” y “merry chritsmas” son aquellos donde la población no necesita tener que ahorrar para gastos de salud y educación, porque lo tienen todo asegurado.

En República Dominicana, la pobreza alcanza niveles sorprendentes aún cuando se digan cosas cuyo único fin es engañar.

La demagogia reinante, en materia de salud, quiere llenarle los ojos a la población a base de boticas populares que venden productos elaborados en laboratorios que pueden competir en precios, pero no en calidad.

Todo lo que allí se vende es sin prescripción médica, a pesar de que nos hemos gastado miles de millones de pesos en centros de atención primaria que no están funcionando por falta de todo.

Muchos se quejan porque ciertas iglesias prometidas no han sido terminadas y no se dan cuenta que su comunidad está saturada de bancas de apuestas y otros centros de perversión moral.

En materia de educación pública, el gasto es tan improductivo que nuestros hijos empiezan a sacar las uñas en pruebas tan importantes como PISA y ocupan los últimos lugares entre los países participantes, van a los centros educativos portando armas, celebran peleas de gallos en canchas deportivas, desafían a los profesores, se tienen que comer un desayuno escolar escaso en nutrientes y no se les induce a la lectura, ni nada que pueda resultarle beneficioso para el futuro como sería moral y cívica, protección del medio ambiente y muchas cosas más.

Como se puede ver, aquí no se ahorra para poder cubrir lo que en Estados Unidos y otros países es un compromiso del gobierno usando apropiadamente el presupuesto en salud y educación, no en política.

Esperamos que Santa Claus se lo tome muy en cuenta a los que administran el sudor de nuestras frentes.

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