La volátil luz de una vela de parafina que acompañaba a una joven estudiante que cursaba un primer grado de educación en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) en agosto de 1966, sigue encendida cincuenta años más tarde a principios de septiembre de 2016. 


El cirio de 1966  costó alrededor de la centésima parte de un peso dominicano y hoy, la misma vela, tiene un precio de cinco pesos o más, es decir, 500 veces más cara. 

En esa época, el costo de los estudios en la UASD era de 15 pesos por todas las materias de cada semestre académico. 

En 2016 no hay una sola materia de cualquier carrera que cueste menos que un semestre completo de 1966. 

Se estrenaba un gobierno surgido de las urnas el 1 de junio y posesionado treinta días después de que la “voluntad de las masas silentes” decidiera por gran mayoría entregar la conducción de la cosa pública a un déspota que se jactaba en decir que la corrupción se detenía en la puerta de su despacho, dando así riendas sueltas a la imaginación de cada servidor público para interpretar a su manera la forma de obtener beneficios al margen de la remuneración que le corresponde por sus servicios al Estado, cubiertos por un presupuesto sustentado por los aportes de cada ciudadano por la vía impositiva. 

Hoy en día se estrena un cuatrienio gubernamental con características particularmente concebidas para dar a entender que no se permitirá el peculado, la corrupción administrativa y demás ejercicios vergonzosos que se practican en todos  los rincones del país. 

Se trata del segundo ejercicio de un gobernante innovador, dedicado como ningún otro a hacer lo que nunca se había hecho, demostrando que es necesario trabajar para lograr buenos objetivos, pero, con una estampa muy dolorosa, que aún no ha cicatrizado, en su cuerpo: Prometer a una nación que no optaría por una reelección y luego burlar la confianza de todos, incluyendo a los miembros de su propio partido, es algo que los elefantes nunca olvidarán. 

El cuatrienio 12-16 estuvo lleno de eventos asombrosos en materia de corrupción que hacen que los elefantes los recuerden para siempre, pero hay un propósito de enmienda, anunciado el próximo pasado 16 de agosto, que luce será tomado muy en cuenta por la sociedad civil y demás estamentos que componen este conglomerado de hombres y mujeres que residen en República Dominicana. 

No obstante, se corre el riesgo de que algo semejante a un tiburón podrido pueda apestar la comunidad, tomando en cuenta que no hay mucha diferencia en el protagonismo de esta etapa de nuestra vida republicana y la vivida en los últimos cuatro años.

La incertidumbre despliega sus cortinas mientras todavía hay miles que viven entre lúgubres candilejas y muchos inmigrantes disfrutan de su pasión por el trabajo, a cambio de unos pesos inteligentemente devaluados y los criollos duermen en sus laureles jugando lotería o consumiendo alcohol y drogas con el dinero que reciben de familiares que se han ido a vender su sudor al extranjero o con los beneficios obtenidos en forma de donaciones clientelistas tales como: Bono gas, Bono luz, Solidaridad y no se sabe cuántos inventos más para que la gente no trabaje y vote por quien le da para mantener sus malditos vicios. 

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